martes, 27 de julio de 2010

Entre humo y espejos

Abrí los ojos entre humo y espejos
en lugar de lagañas, lodo y pasto.
El verde se confundía con el agua sucia.
Me dolían la orejas y andaba descalzo.
A mi alrededor, la millonésima guerra universal
parece más eterna que el sol.
Despeinado y asustado me atreví a cruzar
el umbral que nos separa a los mortales
de los dioses.

Encontré a Ometéotl de rodillas, con la frente
en el suelo y las manos a un lado de su cabeza.
Jamás vi tanto brillo.
Pasaron tres veces setecientos años
y entonces La Dualidad volteó y me vió llorando
por los hombres.
Me invitó a nadar en Tláloc y acepté.
No me mojé sino hasta que salí del Agua.
Estaba listo para regresar al universo de antes.
Atravesé un río de ojos y por fin pude cerrar los míos.

Y de nuevo, abrí los ojos entre humo y espejos.

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